02/10/11

Pobres pececillos

He debido entrar en un vórtex espacio-temporal y me he colado una semana más tarde en la habitación de uno que parece ser yo. En fin, prosigamos antes de que me encuentre!

Tal y como nos aconsejó La Guía, debíamos asimilar moléculas autóctonas con el fin de integrarnos mejor y estabilizar nuestra incertidumbre. Aquí tienen costumbre de engullir grandes cantidades proteicas y carbohidratílicas -lo cual parece ser la causa de mi creciente volumen abdominal-, y para facilitar su ingestión, lubrican su sistema digestivo con el ya mencionado brebaje de cebada malteada -el cual puede ser el culpable de estos textos tan inconsistentes-.



A partir de ese momento los individuos podían percibirnos mejor y sentirse identificados con nuestra existencia, aunque eso sólo era en apariencia debido a la ingesta proteica.

La llegada al Cuartel Catódico fue ensordecedora. Espera... quizás sea la sinestesia quien habla ahora. Lo que intento decir es que su altura tonal era tan majestuosa que los oídos casi nos explotaron. Las frecuencias altas penetraban en el sistema auditivo y las larguísimas frecuencias bajas hacían retumbar todo el exoesqueleto. En fin, quizás una imagen ayude a la descripción:


Estoy seguro que en La Gran Guía (llamada también Google) encontráis majestuosas imágenes del Cuartel Catódico. Nosotros intentamos capturar lo que ni la Gran Guía puede tener:



Como lo siguiente que ocurrió no tiene interés científico y es más personal, La Guía me recomienda recomendaros el recomendable álbum de las fotos recomendables de nuestro recomendable viaje: https://picasaweb.google.com/102811494393613059750/Koln

Saltaré al día siguiente, donde observamos un suceso milenario:


No sé qué tienen estos seres pero son extremadamente contagiosos en lo que a costumbres se refiere. Uno se tira a un puente y van todos detrás, uno pega un moco debajo de una mesa y a la semana ya no hay mesa. Aquí les da por poner candados en un puente. La Guía se mofaba de nuestra ignorancia, claro nosotros sólo tenemos diez hexabytes de memoria mientras que esta delgada y debilucha maquinita alberga la información en átomos.

Resulta que los individuos emparejados malgastan los valiosos candados colgándolos en esas rejas, poniendo en peligro la integridad del puente. Uno no pesa... pero un millón... Lo peor de la historia es el acto posterior a la colocación del elemento; no, ese acto no, antes que ese. ¡¡Tiran la llave al río!! ¿Biodegradable? Tanto como una barra de uranio enriquecido rebozada de petróleo y con injertos de diamante radiactivo envueltos en una fina capa de atún (todo el mundo sabe lo tóxico y nocivo para el medio ambiente que es).

Evidentemente, en un Kiosk te encuentras este titular:


Sofi y yo no cabíamos en nuestras casillas, eran de tamaño pequeño. A pesar de todo, La puta Guía nos insistió durante trillones de ciclos que repitiésemos ese acto para estar así integrados del todo con los seres nativos. Por lo menos quedó una bonita foto:


Ahora ese par de llaves viaja plácidamente en el estomaguito de algún pececillo inocente, y las partículas metálicas se transfieren lentamente al sistema circulatorio, depositándose en preciosos y cada vez más grandes trombos. Qué escena tan tierna, el ciclo de la vida... algunos viven... otros mueren... lentamente...

Sadismos aparte, he de puntuar que aquí no hay pescao que valga pa comé. Así que no es tan grave... que si no se come... es porque ya no debe ser bueno... quizás es mejor así.


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